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Martes, 26 de septiembre de 2017
Augusto Monterroso
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PRESENTACIÓN DE AUGUSTO MONTERROSO

Augusto Monterroso

La creación literaria de Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921), como sucede con otros escritores relevantes, no cabría inscribirla en un contexto nacional específico. Sin “patria literaria” a la que acogerse, este hondureño de nacimiento, guatemalteco de origen y mexicano de adopción, como lo denomina el escritor Carlos Monsiváis, es obre todo un autor que, sin renunciar a la nacionalidad guatemalteca y a su vinculación con México —país que le acogió desde su exilio en 1944 y donde ha fijado su residencia—, pertenece a todo el ámbito latinoamericano. Ronda por geografías políticas, literarias y afectivas diversas. Juan Antonio Masoliver refiere que Monterroso “fue el cuentista guatemalteco que más tempranamente rompió con el modelo criollista y se insertó en la preocupación universalista propia de muchos narradores contemporáneos”. Y desde entonces, este escritor de formación autodidacta se dedica a lo suyo: escribir con humildad y sin prisa. Aficionado a mirar las nubes, reconoce amar y odiar la brevedad, o las convenciones literarias.

Su singular obra da cauce a vivencias intelectuales y emocionales, muchas de las cuales han surgido de lecturas dispares: Cervantes, los clásicos del Siglo de Oro español, Jonathan Swift, Herman Melville, la literatura latinoamericana (Luis Cardoza y Aragón, Borges,...), Kafka, Chejov, Montaigne, Horacio y otros autores latinos clásicos. Despliega, al fin y al cabo, una identidad literaria compleja, arraigada simultáneamente en contextos culturales y literarios diferentes. Su ilusión secreta es ser considerado un autor realista, mas su obra está trufada de alusiones, homenajes a otros escritores y juegos intertextuales.
 Aunque se muestra próximo a la tradición del relato breve latinoamericano, a la vez se distancia de la misma por la mirada insólita desde la que fábula la realidad y las paradojas de la existencia. Al margen de las elecciones expresivas que modularon la corriente narrativa denominada realismo mágico (García Márquez, Carpentier, Vargas Llosa, Fuentes...), su prosa tiene como cualidad principal una precisión misteriosa, que potencia unos contenidos satíricos e irónicos.

Monterroso en La vaca ha escrito: “La imaginación y la realidad nos dan generosamente la materia, las situaciones, las tramas de los cuentos; pero es sólo la elaboración artística lo que puede infundirles vida. El mundo, este día, este momento, están llenos de pequeños y grandes sucesos, reales e imaginarios, que el trabajo puede convertir en cuentos; pero son muy pocos los que he hecho míos.”. Ciertamente, pocos libros de varia invención ha publicado (para nuestro infortunio); no obstante, agazapado quizá en su cautela o pereza para escribir, tales obras (más o menos breves, poco importa) son un fascinante viaje al centro de la paradoja o de la extrañeza que acompañan la existencia humana. Su escritura logra una rara perfección y concisión adecuada a cada asunto. Así, sea a través del cuento, el aforismo, la fábula, el diario, la novela, las memorias, el ensayo o la miscelánea, con el humor acechando cualquier tentativa de seriedad grandilocuente, Monterroso explora el acontecer humano —a veces, mediante animales—, sus aspiraciones y derrotas. Preferentemente indaga los sueños no cumplidos. También, la insondable tontería humana, y algunos asombros gozosos, refiere con su inteligencia narrativa.

En 1959 publicó su primer libro, Obras completas (y otros cuentos). Una década después, La oveja negra y demás fábulas (1969); le siguió el misceláneo Movimiento perpetuo (1972); y posteriormente su única novela, Lo demás es silencio (1978): una biografía fragmentaria del escritor e intelectual Eduardo Torres (“soy yo y somos muchos” ha señalado el propio Monterroso). En La palabra mágica (1983) presenta fábulas y reseñas sobre autores. Asimismo, textos breves de varia invención son reunidos en La letra e (1987), y en Los buscadores de oro (1996) narra su infancia. En La vaca (1998) integra ensayos breves sobre literatura, y Viaje al centro de la fábula (1999) constituye un delicioso recorrido por algunas entrevistas que le han realizado entre 1976 y 1994. También ha publicado, en colaboración con Barbara Jacobs, una Antología del cuento triste (1992).

Fernando Golvano

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